Argentina y Brasil: los equipos preferidos de los aficionados chilenos en el Mundial
Cada cuatro años, cuando arranca el Mundial y Chile no figura entre los participantes, ocurre algo previsible pero igualmente curioso: los aficionados chilenos en el Mundial no desconectan el televisor ni abandonan la conversación futbolística. Lo que hacen es redirigir el fervor hacia sus dos vecinos más poderosos: Argentina y Brasil. Este artículo examina por qué ambas selecciones se han convertido en los equipos de referencia del hincha chileno cuando la Roja está ausente, y qué revela eso sobre la identidad futbolística del país.
Cuando la Roja no viaja, la mirada apunta al continente
Chile tiene una historia mundialista discontinua. Hubo épocas doradas —el tercer lugar en 1962 en casa propia, las clasificaciones con Bielsa o Beccacece— y largas travesías por el desierto en que la selección no logró el pasaporte al torneo. Durante esas ausencias, el fútbol chileno no dejó de existir. Los hinchas encontraron en Argentina y Brasil un refugio emocional que ningún equipo europeo podía ofrecer.
La razón es geográfica, cultural y futbolística a la vez. Sudamérica funciona como un bloque en los grandes torneos: comparte escuela táctica, referencias históricas y una identidad común frente al poderío europeo. Cuando Brasil o Argentina avanzan rondas en un Mundial, el hincha chileno lo vive como algo parcialmente propio, aunque nunca lo admitiría con comodidad frente a un argentino.
Argentina: la rivalidad que se transforma en apoyo
La relación entre Chile y Argentina en el fútbol doméstico y continental es tensa. En Copa América o en los clásicos sudamericanos, no hay afecto que valga: los hinchas se enfrentan con la intensidad de dos naciones que comparten frontera, historia y muchas diferencias. Pero el Mundial altera esa química de manera notable.
En Qatar 2022, las calles de Santiago vivieron algo poco habitual: banderas argentinas colgadas en ventanas y celebraciones callejeras la noche en que la albiceleste ganó la final contra Francia. No fue un fenómeno marginal. Encuestas publicadas durante el torneo mostraban que una parte importante del público chileno que seguía el torneo sin su selección había elegido a Argentina como segunda opción. “Si no ganamos nosotros, que gane alguien del continente”, fue la frase más repetida.
Detrás de eso hay algo más que resignación: hay admiración genuina por el estilo argentino. Un fútbol que combina la garra, la picaresca y la técnica individual, que el hincha chileno reconoce porque se parece al fútbol que él mismo valora. Messi durante años fue el jugador favorito de muchos chilenos que, en la intimidad de sus casas, aplaudían sus jugadas aunque nunca lo admitieran en voz alta ante un porteño.
Brasil: el gigante sin la carga de la rivalidad
Con Brasil, la ecuación es distinta. No existe la misma historia de enfrentamientos cargados que con Argentina. Eso facilita que el hincha chileno adopte al Scratch con más naturalidad, sin los conflictos identitarios que genera apoyar a los vecinos del otro lado de la cordillera.
Brasil llega a cada Mundial con el peso de cinco títulos mundiales y una galería de estrellas que atraviesa generaciones: Pelé, Zico, Ronaldo, Ronaldinho, Neymar. Esa tradición crea una narrativa que va más allá del resultado de cada torneo. Los chilenos que crecieron en los años noventa o en la primera década del dos mil vieron campañas brasileñas memorables que dejaron huella, y esa conexión emocional no desaparece aunque los resultados recientes sean menos brillantes.
El 7 a 1 que Alemania le propinó a Brasil en el Mundial 2014, jugado en suelo brasileño, sacudió al continente entero. En Chile, la reacción fue ambivalente: alivio de algunos que no querían ver a Brasil ganar en casa, pero también genuina consternación de quienes habían seguido al Scratch durante todo el torneo. Esa ambivalencia dice mucho sobre la profundidad del vínculo.
El debate que nunca se cierra
En Chile existe un debate permanente, liviano y sin grandes consecuencias, sobre cuál de los dos es el equipo secundario por excelencia. Hay familias divididas: el padre sigue a Argentina porque recuerda a Maradona, los hijos prefieren a Brasil porque crecieron viendo a Neymar. Grupos de amigos donde la mitad celebra con la amarela y la otra mitad con la albiceleste.
Este debate, que en el contexto de un clásico entre Argentina y Brasil se volvería dramático, aquí funciona como una forma de diversión adicional. El hincha chileno puede tomar partido sin las cargas pesadas de la rivalidad directa, porque ninguno de esos dos países es Chile.
El fenómeno como espejo de la identidad futbolística chilena
Lo que este fenómeno revela sobre Chile va más allá de la preferencia por uno u otro equipo. Muestra que el fútbol chileno tiene una conciencia regional muy desarrollada: el hincha entiende que forma parte de una tradición sudamericana y que el éxito de Brasil o Argentina tiene un componente de reivindicación colectiva frente a Europa.
Los medios chilenos lo procesan de esa manera. Comentaristas y periodistas deportivos, cuando Argentina o Brasil ganan partidos importantes, hablan del “orgullo sudamericano” como si fuera algo compartido. Esa narrativa no es impostada: refleja cómo una parte significativa de la afición vive el fútbol en su dimensión continental.
Y en el fondo, también expresa algo más simple: el hincha chileno quiere seguir viviendo el fútbol cuando su selección no está. Argentina y Brasil le ofrecen esa posibilidad con equipos de alto nivel, jugadores reconocibles y una historia que, de algún modo, también forma parte del relato sudamericano al que Chile pertenece. Eso es suficiente para encender la pantalla y elegir un bando.

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